En la mitología griega Atlas era un joven titán al que Zeus condenó a cargar sobre sus hombros con los pilares que mantenían la tierra separada de los cielos. Demasiado peso, pienso, incluso para un titán, del cual se cuenta que gemía de cansancio y dolor; pero no podía hacer otra cosa, estaba condenado. 
En la actualidad Atlas se ha transformado, Atlas existe,  es de carne y hueso y sufre igual que el titán. Atlas es aquella mujer, casi siempre madre, que ha dado todo por su familia, que ha renunciado a si misma por el bien de los otros. Se ha sacrificado poco a poco, día a día, sin darse cuenta y sin ni siquiera percibir su propio sacrificio.
La mujer atlas ha sostenido su mundo y el de los otros, se ha sentido extenuada, pero ha dado por hecho que ese era su trabajo. Los otros también lo han dado por hecho y de tanto verla cargar creían que era su manera natural, que esto no era un esfuerzo y lejos de ayudarla a sostener la carga le han proporcionado algo más de peso.
Ocurre que los años pasan la mujer sigue cargando, pero el resto se va dispersando. La pareja sigue con sus intereses, centrado en sí mismo y sin ver el esfuerzo de su mujer. Sale con su amigos o se entretiene en con la TV y, en ocasiones, “Atlas” siente que presta más atención a cualquier cosa que a ella. Los hijos crecen, tienen amigos, salen, se divierten y cuando llega el momento parten de casa. Y “Atlas” sigue cargando, como ha hecho de aquí para atrás.
Llega un momento en que mira a su alrededor y se de cuenta de que nadie le acompaña. Se siente sola, nadie le escucha. Reclama a su pareja, pero este parece no entenderle, ha sido así durante tantos años. Hace por escucharle, pero no le entiende, es más, cree que ella tiene un problema, pero que no depende de él ayudarle a solucionarlo, es cuestión de acudir a un profesional. Llegados a este punto se plantea que ha sido de su vida y que hacer en adelante con ella. No encuentra respuestas, han sido tantos años sosteniendo que no sabe como quitarse ese peso y tampoco sabe si quiere quitárselo. Se siente decepcionada de los demás, de su pareja, pero sobre todo de sí misma, ha sido cómplice de lo que le pasa y esto aumenta exponencialmente su peso.
Cuando alguien está acostumbrada a cargar durante tantos años es muy difícil dejar de hacerlo. Es incluso hasta contraproducente hacerlo de repente, se puede desestabilizar, debe descargar el peso poco a poco.
“Atlas” ahora que se siente agobiada, asfixiada, extenuada debería preguntarse “¿Si yo soltase este peso, si yo dejase de cargar con este mundo, este se derrumbaría o seguiría girando? ¿Los otros se derrumbarían para siempre o harían uso de sus recursos para seguir adelante?