En la terapia breve estratégica uno de los constructos que nos ayuda a entender los problemas es lo que llamamos Soluciones Intentadas Redundantes (SIR). Se tratan de aquellas soluciones que hemos puesto en marcha y que no han llevado a buen desenlace del problema. Es más, lo que suele ocurrir es que por sentido común seguimos empleando una y otra vez la misma solución, estrategia, aunque comprobemos una y otra vez que no funciona. Esto se puede resumir con la siguiente frase: “Si sigues haciendo más de lo mismo obtendrás lo mismo”. Una de las primeras maniobras es detener estas soluciones que mantienen el problema para luego proponer nuevas estrategias que permitan resolverlo. Pero existen otras resistencias al cambio a las que debemos prestar atención si queremos, una vez salvado el escollo de las SIR, llegar a buen puerto. Se trata en este caso de las “incapacidades” que presenta la persona que sufre el problema.
Podemos distinguir dos tipologías de incapacidades: las incapacidades evolucionadas (nivel cognitivo) y las incapacidades primarias (nivel emotivo-perceptivo).

1.Las incapacidades evolucionadas:

a.Incapacidad estratégica: tenemos una incapacidad estratégica cada vez que frente al mismo tipo de problema la persona no consigue encontrar una estrategia eficaz para resolverlo. Aunque se esfuerza no encuentra la vía de salida. 

b.Incapacidad de acción: la persona ha encontrado la estrategia eficaz pero no es capaz de aplicarla; tiene la consciencia de lo que debería hacer (tiene por tanto capacidad estratégica) pero no consigue ponerla en práctica.

c.Incapacidad de constancia: La persona ha encontrado la estrategia adecuada, ha comenzado a aplicarla pero no es capaz de mantener la ruta emprendida. Esta incapacidad llega a ser muy relevante en todas aquellas situaciones en las que la estrategia, para que sea plenamente eficaz, necesita mantenerse durante un cierto periodo. Cuando la persona resulta “intermitente” y discontinua en la aplicación de la estrategia, acaba por invalidar su eficacia final. Con las palabras de Séneca, “nada impide tanto la curación como cambiar a menudo de remedios”.
d.Incapacidad de gestión: la persona es capaz de determinar la estrategia y llevarla a cabo de manera constante, pero no es capaz de gestionar los “efectos colaterales”, porque lo que hace acaba por producir descompensaciones a ella o a las personas a su alrededor. Incapaz de tolerar sus efectos, la persona acaba por cuestionar su estrategia y escoge de forma voluntaria cambiarla, realizarla sólo en una mínima parte o incluso abandonarla. De este modo intenta evitar llevar la situación a un nivel que resulte demasiado costoso para ella o para los demás miembros del sistema. El efecto, también en este caso, es el fracaso de todo el plano estratégico.

2.Incapacidades primarias

a.Incapacidad de “sentir”: Se trata de la incapacidad de percibir concretamente un aspecto cualquiera de la realidad (en las tres dimensiones de la relación uno mismo/los demás/ el mundo) porque esto comportaría que se desencadenara una de las sensaciones de base. La persona deforma sus percepciones en la dirección de la que ya es la inclinación natural de su sistema perceptivo-reactivo: si la persona es de tendencia “obsesiva”, por ejemplo, descubrirá continuas señales de duda, si es fóbica verá peligros por todas partes, si es de tendencia “paranóica” , vislumbrará enemigos en cualquier lugar y  así sucesivamente.
La incapacidad de sentir se trata de un auténtico mecanismo de defensa que, como una armadura que decidimos ponernos, nos protege pero acaba también por atraparnos. Esto puede llevar a la negacióon de toda realidad “incómoda” o a su eliminación parcial.

b.Incapacidad de reaccionar: la persona “siente” de manera adecuada paro no consigue reaccionar en la dirección que debería


c.Incapacidad de no reaccionar: aun a sabiendas de que debería contenerse, frente a ciertos estímulos la persona tiene una reacción que se activa espontáneamente, antes de cualquier intervención de tipo cognitivo. Es el caso, por ejemplo, de quien sabe que frente a ciertas provocaciones debería permanecer en silencio y acaba, en cambio, por enfadarse o perder el control. O de quien, frente a ciertas agradabels tentaciones, no consigue resistirse y cede a persar de no querer hacerlo. O el jefe incapaz de delgar, que no consigue dejar de sustituir a sus propios subordinados por el temor a que no estén a la altura.