En terapia no siempre es posible conseguir los cambios persuadiendo a la persona de los beneficios que esto le reportarán. Muchas veces las personas aún solicitando ayuda se resisten a los cambios propuestos, pues creen estar en lo cierto en cuanto a su manera de proceder. Y lo más probable es que así sea, pero que este manera de proceder se ha llevado al extremo y se ha conseguido un desequilibrio que provoca malestar. Por otro lado si el psicólogo le dice lo que tiene que hacer, que en ocasiones es obvio, le estará diciendo lo que ya muchas otras personas le han dicho y a lo cual se han resistido. En esto casos y evaluando los objetivos quizás sea necesario proceder con directivas paradójicas. Veamos un ejemplo:
En el caso de una madre sobreprotectora que está constantemente encima de su hijo impidiéndole decidir libremente y asumir la responsabilidad de sus actos, si el terapeuta intenta persuadirla de que se ocupe menos del niño corre el riesgo de que ella haga lo contrario, a menudo con el pretexto de que él no comprende realmente cuán desvalido está. Puede adoptarse entonces un enfoque paradójico solicitándole que durante una semana ande constantemente atrás del niño vigilándolo, protegiéndolo y haciéndolo todas las cosas. La directiva se justifica con diversas razones, según sea la madre: por ejemplo, se le dice que debe hacerlo para poder apreciar cómo se siente realmente en esta situación, o para observarse a sí misma y al niño. El uso correcto de este enfoque exige que el terapeuta demande a la madre un comportamiento más extremo que el que ha venido manifestando: no sólo estará constantemente sobre el niño, sino que deberá reservar una hora al día para aleccionarlo sobre todos los peligros de la vida (una hora es mucho tiempo). Otra alternativa es acentuar aún más otro aspecto de su comportamiento. Si se procede correctamente la madre reaccionará rebelándose contra el terapeuta y sobreprotegiendo menos al hijo. No le gustará hacer lo mismo de siempre porque alguien se lo ordene; tampoco le gustará dedicarse más al niño, en especial cuando ya se siente demasiado exigida por él. Empezará a insistir que el niño debería bastarse más así mismo y asumir mayor responsabilidad, o sea que comenzará a evolucionar hacia la posición verdaderamente deseada por el terapeuta. Por lo común es preciso continuar con esa actitud: si la madre deja más tranquilo al niño no se la felicitará, sino que se le instará a dedicarse más a él.

El objetivo en este caso es conseguir que madre e hijo adquieran un equilibrio y espacio en el que desarrollarse y en el que ambos puedan seguir representando su respectivos roles sin llevarlos al extremo.


Fuente: Terapia para resolver problemas. Amorrortu