La duda es algo que se inocula y muy lentamente va ejerciendo su trabajo, hasta que nos vemos imposibilitados para actuar.
Una de las tipologías de la duda patológica es la Hiperracionalización. La padecen aquellas personas que , en virtud de la duda sobre lo que es justo o erróneo hacer, no logran actuar. Se da una especie  de transferencia de un método científico, esto es, el intento de analizar  un fenómeno desde los máximos puntos de vista posibles, para llegar a la conclusiones más correctas y a las elecciones más idóneas en el contexto de la relación entre la mente y ella misma. El sujeto , poniendo constantemente en duda la validez de toda premisa, se convierte en un náufrago del relativismo, incapaz de cualquier logro y decisión. Esta tipología de la duda patológica puede expresarse tanto al analizar algo en la búsqueda de una explicación exhaustiva, dando vida así a especulaciones cada vez más enmarañadas, como ante una decisión que debe tomarse o un comportamiento que hay que mantener: al buscar continuamente lo “inequivocablemente justo”, se llega de modo inevitalbe al bloqueo de la acción.
Ejemplo de este tipo de duda es David. Un joven matemático que se dedicaba exitosamente a operar en bolsa. Esto era así hasta que empezó a dudar si una u otra operación era más correcta. Quiso crear un sistema riguroso para hacer más efectivo lo que antes hacía de manera intuitiva. David se dio cuenta de que su problema derivaba de no ser ya capaz de tomar decisiones rápidas, atrapado por una serie infinita de razonamientos lógicos y matemáticos que deberían haberlo conducido a mejorar su rendimiento pero que, por el contrario, lo inhibían por completo. Se dio cuenta de que las operaciones de bolsa no podían conducirse con razonamiento puramente racionales.  Sin embargo este conocimiento no fue suficiente para evitar sus juegos mentales, convertido ya en un mecanismo compulsivo incontrolable, una especie de castigo dantesco: el que quería hacer previsible es arrastrado por una compulsión incontrolable y contraproducente .
Se propuso a David realizar un experimento.. Acordamos una cuota mínima para jugar cada día a la bolsa. Tendría que jugar tres veces con esa cantidad: la primera lo haría al azar, sin ningún razonamiento. La segunda se debía basar en la intuición, una elección rápida. La tercera consistía en dedicar todo el tiempo necesario para tratar de calcular, prever y especular sobre la mejor elección. Se consiguió que David reanudase las operaciones en bolsa, lo que ya suponía un desbloqueo.
El siguiente sesión trajo un gráfico con los resultados de sus operaciones. Había comprobado que los mejores resultados se daban cuando operaba de manera intuitiva y los peores cuando se dedicaba a largos razonamientos.
En la siguiente cita, a las tres semanas, David volvió con gráficos que demostraban los mismos resultados., operar de manera intuitiva reportaba los mejores resultados.
David pidió una explicación de lo sucedido, se le dijo: “Caundo actúas a partir de la consciencia operativa, tu mente asocia, selecciona y discrimina las posibilidades, sin convertirse en víctima de dudas que contaminan la capacidad”. David comprendió que la búsqueda de la elección “perfecta” había provocado que sus abstracciones metodológicas y especulaciones matemáticas anulasen su conciencia operativa, es decir, el proceso de inteligencia rápida que nos permite utilizar coordenadas mentales junto con la intuición. David concluyó: “Entonces debería razonar y especular antes y después, pero no durante el trabajo, porque si lo hiciera invalidaría mi capacidad de razonamiento intuitivo”.
Extraído de: Pienso, luego sufro. Ed: Paidós.