Una familia planteó el problema de un niño de diez años que por lo general se portaba mal y padecía enuresis. En la entrevista de la familia, la abuela informó que la madre trataba mal al niño y no lo quería. La madre dijo que cada vez que intentaba disciplinar al niño la abuela se entrometía y lo protegía. El terapeuta hizo que madre y abuela convinieran en que la meta a alcanzar era que el niño se portara bien y cesara su enuresis, con lo que quedó
claro el objetivo del tratamiento.
Se propuso a madre e hijo el siguiente experimento: Se le pidió a la abuela que se hiciera plenamente responsable del niño durante dos semana: debería ocuparse de todas la cuestiones de disciplina y de la enuresis, incluyendo el lavado de las sábanas, en tanto que la madre se limitaría a disfrutar de la compañía del hijo sin disciplinarlo. Si el niño se portaba mal la madre debía informar a la abuela, quien se ocuparía del asunto. Toda comunicación negativa entre madre e hijo pasaría por la abuela, a quien le correspondería el rol central. La familia accedió a hacer este experimento durante dos semanas.
Durante el primer período quincenal se entrevistó a la familia y se discutieron las dificultades y enojos con que tropezaba la abuela, advirtiéndosele a la madre que continuara absteniéndose de intervenir.  Al cabo de dos semana el terapeuta pidió a la familia que invirtiera su sistema: la madre se ocuparía plenamente del niño y la abuela se limitaría a gozar de su compañía; toda comunicación negativa entre abuela y nieto debería pasar por la madre.(…)
Al cabo de la segunda quincena puede celebrarse una sesión para discutir cuál de los dos ordenamientos ha resultado mejor.  En la mayoría de los casos la abuela prefiere que la madre se ocupe del niño, ya que ella es más vieja y ha criado a sus hijos. También accedería a comunicarse con el niño a través de la madre en vez de coligarse con él contra ella, en parte debido a la amenaza de que el encomienden el cuidado total del niño si se entromete. Los síntomas del niño suelen desaparecer cuando cuando la jerarquía es la correcta.  En algunos casos la familia puede decidir que la abuela continúe teniendo plena responsabilidad sobre el niño; de aceptar todos este esquema, el mismo se convertirá en un sistema de funcionamiento normal, si bien con el tiempo tiende a volverse inestable a medida que la abuela envejece.

Extraído de Terapia para resolver problemas: Jay Haley. Ed: Amorrortu