La madre de Emilia, una jovencita de once años se dirige al Centro de Terapia Estratégica para un asesoramiento. Indicó que la chica presentaba diversos problemas: tenía dificultad para dormir, dormía poquísimo (dos o tres horas por noche) y se levantaba muy temprano; indecisa en que cosas hacer, pedía la intervención de la madre en cualquier situación. Desde hace dos años iba a otro psicoterapeuta una vez en semana.
Cuando Emilia se iba a la cama, pasaba muchas horas presa de las fantasías de monstruos que la asustaban muchísimo. Durante el día Emilia se mostraba siempre indecisa respecto a cualquier decisión que debiera ser afrontada, incluso los vestidos que debía ponerse le hacían dudar. Pedía siempre consejo a la madre, que trataba de convencer a su hija para que tomase sola sus decisiones, pero sin resultados. La soluciones adoptadas por la madre para tratar de resolver los problemas de Emilfobia niñaia eran:
-convencerla de tomar las decisiones
-tratar de tranquilizarla respecto al problema del insomnio y controlar la hora del despertar.

Parece claro que las soluciones intentadas no eran las adecuadas y que se debía por lo tanto intervenir sobre las mismas. Las prescripciones propuestas a la madre irían indicadas a reelaborar la relación entre la madre y la hija respecto a estos problemas. Cada vez que la hija se lamentaba, la madre le respondía enseguida. No solo eso, la madre intervenía antes de ser solicitada, quitando la hija la posibilidad de hacer cualquier cosa por sí misma. De ahí que se le pidiese a la madre que observase a la hija sin intervenir.
En segundo lugar era necesario que cuando Emilia pedía la ayuda de la madre para tomar una decisión, esta debía evitar tanto dar una respuesta, como no darla. En otros términos no debía atender a la demanda de consejos, ni responder a la hija. Se le aconsejó de dar una respuesta absurda, totalmente equivocada. Por ejemplo, si la hija le preguntaba “¿ Mamá, me debo poner los pantalones o la falda”?, la madre debía responder: “viendo que hoy es un buen día, puedes ponerte el bañador”.
La madre de esta manera daría consejos y no se impacientaría. Emilia por otra parte habría podido sonreír desdramatizando la situación y frente a las respuestas absurdas se cansaría de hacer preguntas.
Un semana después, la madre contó que Emilia estaba muy sorprendida y divertida por las respuestas, tanto que había pedido un poco menos su ayuda respecto a las decisiones a tomar. Ella, la madre, se sentía más tranquila.
Se indica a la señora de continuar con la misma prescripción: observar sin intervenir.
En la tercera sesión la niña viene a consulta porque quiere saber que estrategias poner en marcha para combatir su insomnio.
Le fue prescrito que todas las tardes, una vez en la cama, cogiese folios y bolígrafo y escribiese todas sus fantasías y todos los pensamientos de monstruos que le venían a la mente, tratando de exagerarlos. Por último debía acostarse en la cama, con los ojos cerrados, sin intentar quedarse dormida, al contrario, haciendo de todo para no dormir. (…)
En la siguiente sesión Emilia declaró que escribir de sus monstruos la relajaba tanto que, por desgracia, cuando se metía en la cama con los ojos cerrados, tratando de no dormir, no lo conseguía y se quedaba dormida.
Emilia dijo estar muy molesta por no hacer bien la tarea. Se le dijo que tenía que seguir intentándolo una semana más. Escribiendo sobre sus monstruos y cerrando los ojos intentando no dormir. Se le añadió una tarea más: todos los días debería decir un cosa agradable a su madre. Se le dijo que su madre había declarado no sentirse una buena madre, ya que no podía ayudar a su hija.
La nueva tarea de Emilia era por lo tanto ayudar a su madre a sentirse una madre “capaz”.
Atraída por la idea de poder ser útil a la madre pregunta como debía comportarse. Se le dijo que cada mañana debería vestirse sola, pero equivocarse en alguna cosa. Ponerse algo que desentone un poco, por ejemplo una blusa que no pegue con la falda. Se convence a Emilia que así ayuda a la madre, pero el verdadero propósito era eliminar la solución intentada de Emilia al vestirse. La chica era insegura e indecisa porque trataba de hacer cada cosa de la mejor manera posible, para no cometer errores, y por temor a equivocarse, evitaba por tanto tomar decisiones.
Emilia declaró de estar contenta por vestirse sola y de hacer muchas otras cosas sin la ayuda de la madre.
La madre, por su parte confirmó los progresos de la hija  y dijo estar muy contenta porque la veía muy tranquila y capaz de organizar su propia vida. También el problema del insomnio estaba muy mejorado: por ahora la niña se dormía y se levantaba a horas normales.
Una vez cambiada la relación entre madre e hija respecto a su problema y comprobado que las prescripciones habían dado resultado se siguió trabajando con la niña ya que aunque dormía bien y hacía muchas cosas por sí sola de vez en cuando le venían pensamientos que la asustaban. Se siguió el protocolo puesto en marcha en el Centro de Terapia Estratégica para los trastornos obsesivos.