No existe una traducción exacta para esta palabra, pero podríamos decir que el Mindfulness es “estar presente” en todo momento, en el aquí y ahora. También se podría traducir como “conciencia plena”, que en definitiva viene a decir lo mismo, que apliquemos nuestros sentidos al momento presente y que nos percatemos de lo que ocurre en este preciso instante.

Los enfoques basados en Mindfulness han demostrado ser muy eficaces en la reducción de los síntomas de la ansiedad (Miller, Fletcher y Kabat- Zinn, 1995), el trastorno obsesivo compulsivo (Baxter et al., 1992) y el dolor crónico (Kabat- Zinn, Chapman y Salomon, 1987). También han demostrado ser muy útiles para el tratamiento de los efectos de la psoriasis (Kabat- Zinn et al., 1998), la prevención de la recaída en la depresión (Segal el al., 2007), el tratamiento de la adicción a drogas (Parks, Anderson y Marlatt, 2001) y la reducción del estrés y el aumento de la calidad de vida de quienes se enfrentan a un diagnóstico de cáncer de pecho y de próstata (Carlson, L., et al., 2007).
En lo que se refiere al estrés una prueba del auge de esta técnica es que en  los centros médicos de EEUU existen unos doscientos cincuentas programas de reducción del estrés basados en el Mindfulness. Pionero en la práctica de esta técnica y autor del protocolo de Mindfulness para la reducción del estrés (MSBR) es el doctor Jon Kabat-Zinn, fundador de la Clínica de Reducción de Estrés del Centro Médico de la Universidad de Massachussets y profesor de medicina del Departamento de Medicina Preventiva de la misma Universidad.
Convendría conocer cómo reacciona  nuestro organismo al estrés. El sistema nervioso autónomo está compuesto por dos sistemas, el simpático y el parasimpático. Cuando nos encontramos ante una amenaza el cerebro la interpreta y acciona el sistema nervioso simpático con lo que se produce un aumento del ritmo del latido cardíaco y de la presión sanguínea, la respiración se vuelve más superficial y se liberan endorfinas que cumplen con la función de entumecer cualquier dolor. Otra respuesta puede ser que el cerebro interprete que no hay salida y opta por activar el sistema nervioso parasimpático, que reduce la presión de la sangre y la tasa cardíaca, lo que puede contribuir a inmovilizar el cuerpo y almacenar la energía hasta desembocar, en situaciones extremas, en el desmayo.
Lo que ocurre muchas veces y que es normal en nuestra sociedad es que las amenazas no suelen ser externas, si no que más bien son interpretaciones de hechos externos que se convierten en amenazas psicológicas , o incluso, no existe hecho alguno y nuestra mente crea estas amenazas.
El Mindfulness nos enseña a reconocer las respuestas de nuestro cuerpo y mente al estrés y adquirir habilidades que nos sirvan para generar  un mayor equilibrio. Podemos establecer una distinción entre reacción y respuesta al estrés. La reacción está alimentada por pautas habituales inconscientes aprendidas y la respuesta, por el contrario, nos ayuda a generar y desarrollar herramientas que nos permitan gestionar las emociones y dar una salida más elaborada y no automática.

Algunos estudios intentan demostrar la relación entre la práctica habitual del Mindfulness y cambios a nivel cerebral. En 2003 el doctor Richard Davidson (director del laboratory  for Affective Neuroscience de la Universidad de Wisconsin-Madison)  realizó un estudio con grupo tratamiento y grupo control. A los sujetos del grupo tratamiento se le aplicó el programa de Mindfulness para reducción del estrés durante ocho semanas.  Se midió la actividad eléctrica antes y después del programa.  Se observó un aumento significativo de la actividad del área frontal izquierda del cerebro, una región asociada al afecto positivo y a la regulación de la emoción que correlaciona con una recuperación más rápida ante un evento estresante. Ocurrió también que los sujetos que realizaron el programa,  tras recibir la vacuna de la gripe mostraron un aumento significativo de anticuerpos respecto a los sujetos del grupo control. Se sugiere que la práctica del Mindfulness podría estimular la respuesta del sistema inmunitario.

En 2005 la doctora Sara Lazar, profesora de la facultad de medicina de Harvard, publicó los resultados de un estudio en los que se observa un engrosamiento de regiones de la corteza frontal (área responsable del razonamiento y la toma de decisiones) en las personas que practicaban Mindfulness. También descubrió un aumento en la ínsula, implicada en la percepción de las sensaciones internas que se considera básica para la percepción de sentimientos emocionales.
Un estudio de Creswell, Way, Eisenberger y Lieberman (An fMRI investigation of  Mindfulness and effect labeling) demuestra que cuando los sujetos con rasgos de atención plena debían nombrar la emoción que veían en una expresión facial que se les mostraba, presentaban, a diferencia de los sujetos con control una mayor activación de dos regiones: la CPF ventrolateral y la CPF medial. Estas activaciones se asocian a una disminución de la activación de la amígdala tras la visualización de los rostros, lo que sugiere que el Mindfulness como rasgo se asocia a la eficacia en la regulación de los afectos.
Otro de los campos en que se está empleando el Mindfulness es en el control del dolor. Se trabaja tanto el dolor de índole orgánica como aquel en que no se reconoce causa orgánica alguna. Un mismo hecho puede generar distinta intensidad de dolor en personas diferentes. Intervienen por tanto variables psicológicas. Hablamos de tolerancia al dolor. Habría que tener en cuenta también variables como personalidad, estrés, ansiedad, depresión, experiencias traumáticas anteriores y muchas otras.
La práctica habitual del Mindfulness pude ayudar a quitar la parte emocional asociada al dolor y que genera más sufrimiento que el dolor mismo. Por otro lado al reinterpretar el dolor desde una nueva perspectiva, sin las categorías previas, es probable que la interpretación de la intensidad del mismo disminuya también. Por tanto el Mindfulness pude ayudar a sobrellevar el dolor tanto si existe diagnóstico médico-psicológico como si no lo hay.
 Un estudio realizado por O3 Wellbeing Solutions S.L.  en el que se implementaba el MSBR a un grupo de catorce mujeres diagnosticadas de fibromialgia concluyó una mejora en la calidad de vida de las mismas. Estas informaron también una menor presencia e intensidad del dolor, junto a una disminución significativa de la sintomatología depresiva. La atención plena constituye una herramienta para el aprendizaje de nuevos modos de responder ante el dolor y a la depresión. Una forma de transformar el sufrimiento psico- emocional que acompaña al dolor crónico y un recurso para que las pacientes incorporen estrategias psicológicas que les ayuden a sobrellevar las efectos de aquello que les genera dolor.
Respecto a la práctica del Mindfulness convendría  decir que no se ha inventado nada nuevo. Esta técnica se nutre de prácticas meditativas como la meditación Vipassana. Lo que se ha hecho son estudios que aporten rigor científico a los beneficios observados en la práctica regular de esta técnica. Por otro lado se han dejado de lado todas aquellas connotaciones de índole espiritual-religioso difíciles de dimensionar. No entramos a valorara constructos apoyados en creencias y de los que no podemos aportar evidencias.